Día 4: TERESA ANTIÑOLO

Esta Natividad que presentamos está realizada en cerámica negra, la cual se logra en diferentes fases de preparación de los hornos, cocción de las piezas y dentro de esa fase, el proceso de «carbonación» que producirá el típico color negro en las piezas. El color negro se consigue cuando, una vez alcanzados los 1000 grados, se mete en la zona de combustión del horno algo que queme mal, madera mojada, por ejemplo. La «carbonación», una especie de «ahumado profundo» se facilita tapando todos los huecos del horno evitando así la entrada de oxígeno. ​ El procedimiento antiguo de asfixiar el cocimiento era cubrir el horno con «tapines», un compuesto de hierba y tierra, que conservarán el calor durante dos o tres días, según el tamaño del horno.

Dentro del horno se diferencian dos espacios, separados por la solera; en el inferior, el hogar del horno, se pone la leña, y en el de arriba –denominado mufla en la jerga alfarera– se colocan las piezas ordenadamente, es decir, las más grandes abajo, y las vasijas pequeñas encima de las piezas medianas. ​Se cubre todo con tejas rotas o deshechos de piezas viejas para crear «una bóveda en la que, al rebotar las llamas, se iguale la temperatura». Sigue el dilatado y delicado capítulo de la cocción, común a los hornos usados en casi toda la península ibérica.

Teresa Antiñolo es una ceramista asturiana a la que la Asociación encargó durante varios años una Natividad que servía para realizar el regalo en los congresos. Ésta se encargó específicamente para dejarla de recuerdo. Las figuras son estilizadas, de trazos limpios y muy sencillos, casi, casi abstractos. Son dos figuras, una San José y la otra la Virgen con el Niño en brazos.