Día 1: OBDULIA ACEVEDO

Obdulia Acevedo Eguiagaray, nació en León y fue maestra de profesión. Una vez jubilada se dedicó a realizar figuras de belén. Su obra no fue muy extensa. Cada una de sus piezas son únicas, ya que todas ellas están realizadas de manera artesanal y vestidas de diferente manera. Es por ello muy difícil hoy en día encontrar alguna pieza suya a la venta.

Obdulia fue una imaginera singular, innovadora tanto en su técnica como en su concepción de la obra belenista. Con amoroso cuidado modelaba sus figuras en papel maché dotándolas de un movimiento y una expresividad únicos, plenos de matices y contrastes; desde la ternura de la maternidad de la Virgen, hasta el rostro vivaz y juguetón del Niño, todas parecen fijarse en la mirada de aquel que se acerca a contemplarlas y parece que quisieran comenzar a moverse.

Pero Obdulia no se conformaba con la perfección del modelado y vestía sus figuras con un primor único jamás visto en algún otro imaginero de su época. Es imposible imaginar tanta diversidad de matices y colores. Sedas, linos y percales se combinan con metales, plumas y pedrería en una conjunción fantástica, pero nada espontánea; cada pliegue, cada arruga, está milimétricamente controlada para que el conjunto resulte lo más armonioso posible. Alguien dijo de sus figuras que “tiran al Greco”, tal vez por lo estilizado de las mismas, por su gesto poco conventual, su gran riqueza de pliegues, la palidez de sus rostros, que efectivamente recuerdan al maestro de Toledo, pero en su obra encontramos también el barroquismo de Salzillo y un cierto aire evocador de las figuras dieciochescas de corte napolitano. Murcia tiene en Obdulia Acevedo una digna heredera de su tradición imaginera.

Entre sus muchas distinciones cabe destacar el I Premio de modelado de figuras de Belén “Trofeo Comunidad de Madrid (1984)” y el hecho de que uno de sus grupos de figuras fuese reproducido en un sello de Correos de la serie de Navidad en 1992.

El grupo de figuras que posee la Asociación es un Misterio. La Virgen está sentada y tiene en su regazo al Niño. San José de pie, los mira con amor. A los pies de la Virgen está un cestillo con unos pequeños troncos de madera. El conjunto está ubicado sobre una especie de tarima.  Este Misterio, sobrio en su concepción ya hace muchos años que se adquirió directamente a la autora, gracias a la mediación de Carmina Fernández Martínez, viuda de Cruz Ávalos, que fue quien la convenció para realizarla, siendo probablemente su obra póstuma.